Hay partidos que no se juegan únicamente con la pelota en los pies; se juegan con el corazón en la mano, con los dientes apretados y con el folclore a flor de piel. La semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra en Atlanta ya se perfilaba como un choque histórico, pero el desenlace superó cualquier guion cinematográfico. La "Scaloneta" perdía 1-0, parecía quedarse sin nafta ante el planteo físico de los británicos, pero en una ráfaga de cinco minutos sacó a relucir su mística campeona para darlo vuelta 2-1. Y en medio de la locura del empate, Cristian "Cuti" Romero metió una de potrero que va a quedar grabada para siempre en la retina de los hinchas: le gritó el golazo de Enzo Fernández en la cara al arquero Jordan Pickford.
La noche venía torcida para el equipo de Lionel Scaloni. Tras el desgaste extremo de los 120 minutos contra Suiza, las piernas pesaban y el gol de Anthony Gordon había congelado la ilusión argentina en el Mercedes-Benz Stadium. Inglaterra se abroquelaba atrás, jugaba con la desesperación albiceleste y Pickford parecía invencible bajo los tres palos. Sin embargo, el destino le tenía preparado un trago amarguísimo al guardameta del Everton.
El bombazo de Enzo y la revancha del "Cuti"
Cuando se jugaban 40 minutos del segundo tiempo y la soga empezaba a apretar el cuello, Enzo Fernández frotó la lámpara. El volante del Chelsea capturó una pelota en tres cuartos de cancha y sacó un remate espectacular de derecha, con un efecto indescifrable que se clavó en el ángulo y dejó a Pickford volando estérilmente para la foto.
Apenas el balón infló la red inglesa, el estadio se vino abajo. Pero mientras Enzo corría a abrazarse con los suplentes, el "Cuti" Romero decidió cobrarse todas las cuentas pendientes. El defensor del Tottenham, que conoce de sobra los cruces de la Premier League, frenó su carrera de cara al arquero rival, se le plantó a centímetros de distancia y le pegó un grito de gol desaforado, gesticulando con rabia antes de sumarse a la montaña humana de los festejos. Un desahogo visceral que sintetizó el temperamento de un equipo que se niega a claudicar.